Homenaje a las palabras

En su libro de memorias Confieso que he vivido, Pablo Neruda realiza un bello homenaje a las palabras a través de un texto en el que describe la importancia que todas y cada una de ellas tienen en su vida y en su oficio.

He querido rescatarlo porque esas joyas de encadenadas letras son la materia prima con la que accedemos al conocimiento del mundo y de nosotros mismos, pero también el instrumento que nos permite crear universos nuevos.

Hoy os animo a reflexionar sobre aquellas que os han acompañado a lo largo de vuestra vida: ¿cuáles fueron las que definieron vuestra infancia y vuestra adolescencia? Seguro que, al recordarlas, os han traído a la mente multitud de imágenes, sonidos u olores, algunos de ellos asociados a emociones positivas y otros, sin embargo, ligados a emociones no tan buenas.

Os sugiero que escojáis una de esas palabras y escribáis durante 10 minutos sobre todo lo que os evoca. Escribid lo primero que se os ocurra, sin pararos a pensar demasiado. Si dejáis que vuestra prosa fluya, pronto comprobaréis que van emergiendo ideas nuevas, recuerdos que aún no habían aflorado a la superficie.

Y ahora, como estreno de la nueva etapa de Palabritis Aguda, os dejo con este magnífico texto de Neruda, un homenaje a esas amigas que no nos abandonan nunca:

LA PALABRA

…Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan… Me prosterno ante ellas… Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito… Amo tanto las palabras… Las inesperadas… Las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de pronto caen… Vocablos amados… Brillan como perlas de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío… Persigo algunas palabras… Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema… Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas… Y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las liberto… Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola… Todo está en la palabra… Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció. Tienen sombra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto transmigrar de patria, de tanto ser raíces… Son antiquísimas y recientísimas… Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada… Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos… Estos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo… Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas… Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra… Pero a los bárbaros se les caían de la tierra de las barbas, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes… el idioma. Salimos perdiendo… Salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras.

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3 comentarios en “Homenaje a las palabras

  1. Marco Jiménez dijo:

    Una cita muy acertada. Confieso que mi vida se compone de palabras. Por tres años llevo desempeñando la Literatura. Pero mi vida nació a ella desde mucho antes. Recuerdo, por ejemplo, la palabra HOMENAJE a los once años, por motivo de la primavera. Tenía que realizar una penosa lectura en una tarde de lluvia ante un auditorio del patio escolar. Imagino, todavía, el rubor que me causaba el escribir, como venían, aquellas palabras dictadas por el Secretario, una persona muy distinguida. No bien hubo de concluir su discurso, cuando me dijo: “eso es todo”. Y aquel punto final había de sentirlo siempre que me viere terminar un texto. Así, di lectura a ese discurso que por siempre fue mío. La maestra de historia no parecía tan encantanda de mi trabajosa dicción, pero igual me sentía satisfecho al término de aquella tarea (“Prepara un discurso en HOMENAJE a la primavera”).

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