Ejercicio de escritura: Tu fin de semana ideal

¡Hola, amante de las palabras! 😀

Hoy te traigo un nuevo ejercicio de escritura va a despertar tus cinco sentidos y que te va a hacer desear (más aún) que el fin de semana llegue cuanto antes. 

Mi propuesta es que pienses en qué forma tiene tu fin de semana ideal: ¿es redondo? ¿cuadrangular? ¿piramidal? ¿rocambolesco y helicoidal? 

¿Qué olores tiene? Tal vez tenga aroma de lavanda, o de papel de periódico y café recién salido de la cafetera. Quizá tenga un sabor frío, o una textura cálida y hogareña. Puede que sea reposado y abullonado, o quizá esté agitado y aproveche cada minuto. O puede que sea todo eso y más, que para eso es tu fin de semana ideal. ¡Tú decides! 😀 

Si quieres, puedes compartir tus hallazgos conmigo a través del siguiente formulario (todas las casillas son opcionales, excepto la correspondiente al nombre). Si me das tu consentimiento, iré publicándolos poco a poco en el blog a través de una página que crearé para dicho fin. 

¡Feliz palabreo!

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10 formas de llenar tu cuaderno de escritor

Me encantan los cuadernos. Es un vicio al que no me resisto, y a menudo les invento usos rocambolescos con tal de comprármelos, aunque luego, llevada por el caos y la entropía, los utilice cada día para algo distinto.

Por eso, cuando descubrí A Writer’s Notebook, de Ralph Fletcher, sentí una inmediata corriente de simpatía hacia el autor. Alguien que ama escribir a mano tiene muchas papeletas para ser una persona de bien. 😛

En su libro explica cómo los escritores, además de vivir la realidad, reaccionan ante ella, la conciben como una fuente de inspiración, y no se resisten a plasmar sus observaciones en el papel. Estas pueden ser de muchos tipos, pero a continuación te traigo las 10 categorías que él enumera:

Hechos o historias que te emocionan, sorprenden o afectan de algún modo

Hay personas que se sienten eufóricas en mitad de un festival de rock o que contemplan un cuadro en actitud compungida pero puede que a ti ambas situaciones te dejen indiferente. Cada persona es un mundo y precisamente por eso es bueno que prestes atención a aquellos temas que te remueven por dentro y a la razón particular por la que lo hacen.

Preguntas que despiertan tu curiosidad

¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿Cuánto tiempo tiene que estar cociéndose un huevo en el cazo? ¿Qué pasaría si el cielo fuese verde y la hierba azul? ¿Cuántas hormigas hay trabajando a la vez en un hormiguero? Las preguntas nos activan, nos convierten en exploradores de una vida llena de interrogantes grandes y pequeños. ¿Qué te preguntas tú?

Detalles, detalles everywhere

 ¡Ay, los detalles! Prestarles atención es como ver la vida en alta definición, y te permite darte cuenta de que hay tanto entretenimiento en una tarde en la playa como en las filigranas de una taza de café. Todo depende del observador, como diría Heisenberg con su principio de incertidumbre. Además, los detalles son evocadores: ese abrigo al rojo al que le faltaba un botón, esa estantería que parecía verde cuando le daba el sol… Ser preciso te permite imaginar con mayor nitidez. 

Semillas de ideas

En un cuaderno también se pueden guardar ideas para historias, o elementos aleatorios que pudieran dar lugar a las mismas. Por ejemplo, imagínate que ves una nube con forma de llave. Es una imagen al azar, pero puede dar lugar a un cuento sobre un grupo de nubes que adoptan formas distintas para transmitirle un mensaje en clave al protagonista, o sobre una nube que sin querer resuelve un misterio. ¡Tú guarda la idea y tu creatividad pondrá el resto cuando toque!

Fotografías mentales

 Es un poco lo mismo que prestar atención al detalle, pero más sensorial si cabe. A veces hay escenas que te gustaría grabar con los cinco sentidos. Por eso está bien poder apuntar unas pocas palabras clave que luego te permitan desarrollar lo experimentado con más lujo de detalles. Si las quieres enriquecer más todavía, puedes recurrir a los símiles: “eso suena como…”, “eso se parece a…”. Por ejemplo, podrías escribir que “sus dedos de los pies parecían un grupo de percebes indefensos” o que “ su voz sonaba como un Pikachu al que le hubieran pisado la cola”.

Conversaciones

Si te va el cotilleo (y si no también) una gran idea es pescar fragmentos de diálogo en supermercados, cafeterías, cines, el autobús… A veces la gente te sorprende con comentarios de lo más inverosímiles (mientras no te sorprensa espiando…). Esto viene de perlas para la caracterización de personajes.

Listas

Sé que hay gente que es muy fan de esta modalidad, y no solo los creadores de catálogos. Los hay que enumeran sus lecturas y películas favoritas, lo que tienen que comprar en el súper… Lo bueno de las listas es que gracias a ellas puedes acceder a lugares olvidados de tu memoria. Por ejemplo, si te pido que recuerdes 25 juguetes que te entretenían en la infancia es probable que te venga a la mente alguno del que no te acordabas desde hace años. Al final, las listas encarrilan las ideas, las obligan a concentrarse en cierto punto como si fueran moléculas de aire comprimidas por una jeringuilla.

Recuerdos

 La memoria guarda cajas y cajas en su trastero, y no viene mal abrirlas de vez en cuando para ver lo que esconden, ni es mala idea escribir sobre ello después

Diario personal o cartas

 Tus pensamientos también pueden ir en este cuaderno, si te apetece. ¿Y quién dijo que todas las cartas han de ser mandadas, o que hay que escribir a destinatarios reales? Sea como desahogo o como forma de escarbar en tu mollera en busca de ideas inspiradoras, te recomiendo darle una oportunidad a este apartado. 🙂 ¡Nunca se sabe cuándo se habrá de convertir en material literario!

Palabras escritas por otros

Frases de grandes pensadores, fragmentos de novelas, de cuentos, de poemas, de canciones, de películas… Todo eso puede ir incorporado a tu cuaderno y enriquecerlo. Será un buen contrapunto de tus propias anotaciones, como si distintas voces estuvieran hablando sobre el papel.

¿Qué te han parecido estas 10 maneras de llenar un cuaderno de escritor o escritora? En el artículo del próximo domingo te contaré qué hacer con ellas una vez están escritas.

¡Feliz palabreo!

Taller de escritura: Las ideas

¡Hola, amante de las palabras!

La propuesta de escritura de hoy tiene por tema las ideas, esos tesoros de la inspiración que nos ayudan a crear magníficos artículos o historias.

Hoy ellas quieren ser las protagonistas de tu relato, así que habrá que permitírselo para empezar el año con buen pie.

Como siempre, te traigo una serie de sugerencias para alimentar a tus musas:

  1. Tu protagonista tiene una idea que no quiere compartir con nadie: ¿Qué se le habrá ocurrido? ¿Por qué tanto secretismo? ¿A quién afecta esa idea? ¿Pretenderá cometer alguna fechoría?
  2. Tu personaje principal nunca tiene ideas, y las necesita con urgencia: ¿Qué hará para resolver este problemilla? ¿Le saldrá bien?
  3. Tu protagonista ha concebido una idea malísima o absurda, que sin embargo se aplaudida por los demás: ¿De qué idea se trata? ¿A qué se debe tan magnífico resultado?
  4. Tu héroe ha tenido una idea magnífica: ¿Tiene una buena acogida? ¿Qué consecuencias acarrea?
  5. Tu personaje tiene “ideatitis aguda”: No para de producir ideas y no le da tiempo a analizarlas. ¿Cómo cura esta locura?
  6. Las ideas de tu protagonista cobran forma, se hacen materiales: ¿Cómo son? ¿Qué hace con ellas?
  7. Las ideas pululan por el mundo pero buscan una mente que las acoja: ¿Qué hacen para llamar su atención?

Hasta aquí mi lista de ideas, valga la redundancia. Puedes usarla si te apetece o recurrir a tus ocurrencias. En cualquier caso, ¡feliz escritura! 🙂

3 lecciones clave de 2015

¡Hola, amante de las palabras!

Antes que nada, ¡feliz 2016! Espero que hayas tenido una magnífica entrada de año.

Por mi parte, estoy encantada de poder continuar palabreando junto a ti, y, para celebrarlo, quiero compartir contigo 3 lecciones que he aprendido a lo largo de 2015 y que pienso aplicar durante estos próximos doce meses.

El poder de la observación: Me encanta mirar a mi alrededor y darme cuenta de detalles cotidianos que podrían constituir el germen de un artículo, de un poema o de un relato.

Ha habido rachas en las que los he apuntado en un cuaderno, práctica que quiero afianzar porque me agrada mucho. A Writer’s Notebook, de Ralph Fletcher, fue el libro que me inspiró a llevarla a cabo. Hablaré de él con más profundidad en otro artículo.

La magia de crear una historia al día: Story A Day fue un reto divertido que me ayudó a generar y elaborar ideas a gran velocidad. Tener que escribir todos los días del mes de mayo el borrador de un cuento rebajó mi nivel de exigencia e hizo que acabara lo que había empezado y que las ocurrencias surgieran con más fluidez.

No todo lo que produje durante aquellos 31 días me gustó, pero hubo relatos con los que quedé muy contenta, y el hecho de que las consignas fueran muy variadas me ayudó a salir de mi zona de confort, por muy manida que suene esta expresión.

La necesidad de tener ideas en abundancia: Si me dices que escriba un relato sobre una casa, en seguida se me ocurrirán 100 maneras de abordarlo, pero de las 100 solo me convencerán 30 y como mucho 10 serán susceptibles de convertirse en una narración.

Con ello quiero decir que para crear textos originales es bueno ser exhaustivo en la búsqueda (con un límite, claro está, que si no nunca la daríamos por concluida), explorar un tema desde distintos puntos de vista y saber elegir aquellas ideas que sean jugosas y que den juego. 

Escribiré más a este respecto, pero de momento te aconsejo que leas este artículo sobre la importancia de tu brújula interior. Ella te indicará el camino a seguir.

¡Que 2016 nos salga tan palabrero como el año que le precede!

6 tareas para ser una máquina de fabricar ideas

Uno de los regalos más bonitos que podemos hacernos es dejar libres a nuestras ideas: permitir que dialoguen entre sí, que se enreden y den lugar a asociaciones nuevas sin controlar demasiado el hilo de nuestros pensamientos.

Esto es de gran utilidad para los escritores, que además de incubar en nuestra mollera las tareas pendientes, las preocupaciones existenciales o los eventos de la jornada, también guardamos como oro en paño el argumento de una historia, el chiste que abrirá un monólogo, los rasgos de un personaje o la estructura de un poema.

La inspiración debe pillarte trabajando, sí, pero trabajar no solo consiste en enlazar palabras sobre el papel. También se extiende a otras actividades que, aunque sean pasivas en apariencia, gozan de un gran potencial creativo. He aquí una lista de las mismas (¡sírvete de ellas en la cantidad que a ti te apetezca!):

1. Pasear: Si optas por los paseos en soledad, te unes a las filas de muchos escritores y artistas que abogaban por el rítmico andar o por el vagar sin rumbo mientras a su paso absorbían impresiones visuales y acústicas.

La verdad es que las caminatas son un recurso fantástico que, además, puede tener lugar en entornos preciosos: parques, avenidas iluminadas por las luces de Navidad, playas, pueblos pintorescos… Tú decides el “cómo” y el “dónde”.

2. Sentarse en un banco: En ocasiones, esta acción suele ser un premio después de haber caminado mucho, ¡y bienvenida sea, sobre todo si va acompañada de un paquete de pipas!

Los bancos públicos, además de proporcionar descanso, nos convierten en espectadores cotillas del teatro cotidiano. Observamos al perrillo que corre alrededor de su dueño, a la chica que pasa a toda velocidad en bici, al niño que se cuelga de la mano de sus padres, a la cuadrilla de amigos que van soltando carcajadas… Además, nos permiten reflexionar de forma relajada mientras, a nuestro alrededor, el mundo se mueve.

Te recomiendo, por cierto, tener un cuaderno a mano por si descubres elementos (una frase, un sonido, una impresión visual) que puedan nutrir tus historias.

3. Ducharse: Los científicos deberían hacer un estudio sobre el poder de las duchas para abducir a quien entra en ellas. Por mucho que tengas la idea de que en diez minutos vas a estar fuera, una vez a remojo pierdes la noción del espacio y del tiempo. Eso les viene muy bien a las ideas que tenías enmarañadas en tus redes neuronales. Bajo el efecto del agua, se desinhiben y ves todo mucho más claro.

4. Fregar los platos: Cualquier tarea repetitiva ayuda a que la mente viaje lejos mientras las manos hacen su trabajo, así que, si te toca fregar, piensa que es por el bien de tu imaginación, que va a poder vagar a sus anchas (si tienes lavavajillas, opta por otra actividad que te guste más: ¿qué tal el punto, o los puzles?).

5. Mirar por la ventana (y si es con un buen café o té en la mano, mejor): La ventana es un palco desde el que asomarnos al mundo. A mí me gusta mucho hacerlo, ya sea para tomar el aire o para contemplar el trasiego de la calle, sobre todo cuando es de noche y casi todas las luces del vecindario están apagadas. Suele ayudarme a quedarme absorta en mis pensamientos. J

6. Tumbarse en la cama: Los momentos previos y posteriores al sueño son geniales para hacerte preguntas sobre tus proyectos artísticos y dejar que tus ideas vayan y vengan en un estado de duermevela. Además, soñar despierto mantiene a raya las preocupaciones “quitasueños”.

También está muy bien tumbarse en la cama o en el sofá a cualquier hora del día, y dedicar un rato a la vida contemplativa (es decir, a no hacer nada). En una sociedad tan obsesionada con la productividad nos hemos olvidado de las pausas nos ayudan a reflexionar, a darnos cuenta de que el mundo no se acaba si posponemos un poco nuestras obligaciones.

En resumen, cuando permites que tu cerebro deje de estar reconcentrado en la búsqueda obsesiva de soluciones, las ideas se acercarán a ti como polillas atraídas por la luz y querrán jugar unas con otras, plantear hipótesis imposibles y ayudarte a mirar el mundo con ojos renovados.

Por cierto, ¡aprovecho este artículo para desearte una muy feliz Nochebuena y una hermosa Navidad! 😀

Mi experiencia con el NaNoWriMo 2015

¡Hola, amante de las palabras!

Antes que nada, pedirte disculpas por mi ausencia durante estas semanas. He pasado el mes de noviembre dando vueltas a distintos proyectos  y he descuidado la rutina semanal de escribir un artículo aquí. 

Además de eso, ¡he superado el reto del NaNoWriMo por segunda vez consecutiva! Estoy muy contenta, aunque he de reconocer que este año el proceso ha sido un poco raro. En lugar de escribir un número homogéneo de palabras por día, ha habido muchos días durante los cuales no he escrito nada, ¡y un par de días en los que he superado las 10.000 palabras (y he acabado con las muñecas hechas polvo)!

¿Por qué he escrito de esta manera?

Supongo que, por un lado, el NaNoWriMo ya no era una novedad para mí y, por ello, no me generaba tanto entusiasmo como en 2014.

Por otro, andaba barajando otros posibles proyectos y tenía ganas de dedicarme a mis otras aficiones (dibujar, hacer manualidades, tocar el piano…), así que no le he dado demasiada prioridad

Debo añadir que confiaba en mi capacidad de teclear a toda velocidad y cumplir el reto a tiempo. Además, me hacía ilusión saber cuántas palabras podía escribir en un día. 😀 

Por suerte, el contenido de la novela me motivaba lo suficiente para continuar, hasta el punto de que los dos días que no hice otra cosa que escribir me costaba despegarme del ordenador porque la narración me había absorbido por completo.

Writing frenzy

¿Qué he aprendido de la experiencia?

He descubierto que las prioridades varían. Puede que un año te encante tu historia y quieras dedicarte a ella en exclusiva durante el mes de noviembre, y que otro te pille con el ánimo más disperso y prefieras compaginarla con otros proyectos y hobbies.

Por otro lado, me he dado cuenta de que cada uno tiene su manera de organizarse y de que todas son perfectamente lícitas. Puedes escribir el borrador a pequeños incrementos y no fallar ni un día, o pegarte atracones cuando la fecha límite se acerca, y obtener el mismo resultado (la segunda opción es más difícil en la fase de revisión por el nivel de concentración que supone).

Para finalizar, he llegado a cuestionarme la necesidad de imponerme fechas límite para la consecución de un proyecto de escritura (o de cualquier otro tipo). Si bien te pueden servir de acicate para terminar una actividad que tenías aparcada, también pueden resultar agobiantes si en el camino surgen otras obligaciones u oportunidades con las que no habías contado.

Dicho esto, estoy muy contenta de haber vuelto a ser parte de la aventura “nanowrimera”. 😀 

Y tú, ¿has participado este año? ¿Has llegado a las 50.000 palabras? ¿Qué has sacado de la experiencia? ¡Estaré encantada de leer tus comentarios!

Primera semana NaNoWriMera

¡Hola, amante de las palabras! 🙂

Es posible que, al igual que yo, acabes de sobrevivir a la primera semana del NaNoWriMo

¿Qué tal la experiencia? ¿Cómo te sientes? ¿Te gusta tu historia, o estás perdiendo el interés en ella? ¿Te cuesta ponerte, o estás deseando lanzarte a escribir? ¿Te sientes a gusto con el ritmo adquirido? ¿Buscas el apoyo de otros participantes, o prefieres ir más a tu aire? ¿Usas el teclado, o el boli? ¿Escribes a diario, o no tienes una rutina establecida? ¿Tratas de llegar a la media de 1667 palabras diarias? ¿Cómo de largas son tus sesiones? ¿Te has pegado algún atracón de escritura? ¿Tienes el argumento planificado, o prefieres que las ideas vayan viniendo a ti? ¿Estás escribiendo una historia de ficción o te has pasado tú también al modo rebelde?

Como puedes ver, son muchas las preguntas a las que puedes ir dando respuesta a medida que el reto avanza, y eso es bueno porque te permite conocer tu manera de trabajar e ir haciendo los ajustes necesarios sobre la marcha. 

Por mi parte, la experiencia está volviendo a ser positiva, y estoy siendo capaz de compaginarla con mi trabajo y con mis aficiones. No he escrito todos los días, pero estoy procurando no quedar ningún día por debajo del objetivo diario que fija la web.  Esto supone un pequeño acicate para darle continuidad al proyecto y no dejarlo aparcado durante demasiado tiempo (puedes ver cómo voy en la parte superior de la columna derecha de este blog). 

En cuanto a las sesiones de escritura, suelen rondar la hora, y la mayoría de las veces interrumpo el trabajo para ver cuánto he avanzado, aunque cuando más a gusto he estado es cuando he tecleado más de media hora seguida sin pararme a comprobar cómo iba el contador de palabras (para esto es muy útil recurrir a la técnica Pomodoro a través de aplicaciones como esta). 

Por último, me está ayudando mucho escribir a buena velocidad (unas 500 palabras en 10 minutos). Como lo que quiero es tener listo el borrador del texto y pulir después, puedo permitirme correr, y eso me ayuda a concentrarme mejor en lo que escribo y a avanzar mucho en poco tiempo. La desventaja de esta técnica es que resulta muy cansada y que no podría sostener ese ritmo frenético durante más de dos horas seguidas por el bien de mis pobres manos. 

De todos modos, ese es el método que me funciona a mí. ¿Cuál te funciona a ti? Estoy deseando que me lo cuentes en la sección de comentarios o mandándome un e-mail a iraidetalavera@gmail.com

La brújula del escritor

¡Hola, amante de las palabras!

Como ya te anuncié hace un par de semanas, este año participo en el NaNoWriMo por segunda vez consecutiva. En esta ocasión el proceso va a ser un poco distinto, porque en lugar de dejar que las palabras me lleven a donde quieran he decidido planificar un poco: saber de antemano cuál es el tema de mi historia, cómo se va a desarrollar el argumento, qué personajes van a intervenir, etc. 

Para ello, aparte de coger un cuaderno gigante (me gustan los de tamaño A3 que venden en las tiendas de dibujo) y un bolígrafo, he hecho acopio de paciencia y de otro elemento importantísimo al que yo llamo brújula interna

La brújula interna es una gran amiga en muchos momentos de tu vida. Suele asomar, por ejemplo, cuando visitas un restaurante nuevo y te tienes que leer una carta muy larga. Vas ojeando los platos y tus niveles de apetencia van fluctuando: este plato no está mal, ¡buagh, coliflor!, esto me da alergia, este igual lo pido o ¡este, este, quiero esteeeee! ¡Y si puedo , repito!  Ese es el norte al que tu brújula está apuntando

Lo mismo pasa cuando piensas de qué va a tratar tu historia. Pueden pasar minutos, horas o días sin que ninguna ocurrencia te atrape o te ilusione, pero de pronto hay un momento en el que los astros se alinean y das con una idea que te motiva y que te apetece desarrollar. Suspiras con alivio, porque tu brújula ha dejado de dar vueltas sin ton ni son y ya puedes seguir una dirección concreta. 🙂

Sin embargo, después de celebrar que ya tienes una idea, tienes que plantearte nuevas preguntas: ¿cómo va a ser mi protagonista? ¿qué estructura sigo? ¿y las localizaciones? ¿y el final de la historia?

Es probable que a tu brújula le entre el baile de San Vito y que su coreografía se refleje en un desparrame de círculos, flechas y frases sueltas. ¡Enhorabuena! Es el lastre que tienes que ir soltando hasta dar con el camino a seguir

Si le das tiempo a tu imaginación, verás cómo hallas lo que estás buscando (incluso cuando no sabías que lo buscabas). Y, ¿cómo lo reconoces? Por tus sensaciones: porque te apetece escribir sobre ello, porque te hace sonreír, porque despierta tu curiosidad o porque te resulta original. 

Aún así, cuando pases de la planificación a la escritura propiamente dicha, habrá ocasiones en las que los senderos de tu historia se bifurcan en direcciones inesperadas una vez empiezas a escribirla porque tu brújula interna pide reajustes. Confía en ella y huye del aburrimiento de las vías muertas. Endereza tu vehículo y sigue la nueva ruta, a ver a dónde te conduce. 

Lo importante es fiarte de tu intuición, disfrutar del viaje y no tener prisa. Si sigues estos consejos, te auguro un feliz viaje por el universo de las palabras.

P.D.: La idea de la  brújula interna está inspirada en este genial vídeo de la coach Barbara Sher, en el que habla de la importancia de sintonizar con lo te gusta hacer, con aquello que te hace feliz. Creo que esto se aplica también al proceso de escritura. 😀

¡Vuelve el NaNoWriMo!

¡Hola, amante de las palabras!

Ya estamos en octubre, y eso significa que pronto hordas de niños nos amenazarán con aquello de truco o trato que queda menos de un mes para el inicio del NaNoWriMo. 😀

Si seguías las entradas de este blog el año pasado, recordarás cómo me embarqué en la aventura de escribir un borrador de novela de 50.000 palabras en un mes y superé el reto.

Dado que la experiencia fue muy positiva y que me encantó la posibilidad de interactuar con otros escritores, este noviembre repito con una nueva historia dirigida al público juvenil. Aquí puedes ver mi perfil y agregarme como amiga si quieres. 

Este año, de todos modos, voy a funcionar de forma ligeramente diferente. Mientras que el año pasado decidí no planificar en absoluto y dejar que la trama fuera floreciendo salvaje cual hierba trepadora, esta vez sí que estoy llevando a cabo una preparación: he escrito una sinopsis, he perfilado mis personajes y a partir de hoy iré desarrollando un resumen de cada una de las escenas desde el punto de vista de todos los personajes.

Esta forma de proceder la he extraído del software Novel Factory, y me está ayudando a desarrollar la paciencia y la perseverancia, así como a disfrutar del artesanal proceso de elaboración de la novela.

En cuanto al contenido de mi historia, solo te puedo desvelar que se llama “Un Leonardo moderno” y que el protagonista es un chico joven que guarda cierto parecido con Leonardo da Vinci. ¡Hasta aquí puedo leer (o escribir)! 😉

¿Y tú? ¿Te apuntas al NaNoWriMo? ¡Andaaaaa, porfaaaa, cuantos más seamos más divertido será! Solo tienes que entrar en la página principal y registrarte. ¡Facilísimo! 

P.D.: Si te unes, pásate por la comunidad de NaNoWriMo Spain que hay creada en Facebook. Encontrarás gente muy simpática que te ayudará y animará en el proceso de completar tu borrador y superar el reto.

Alternativas al “Escribe todos los días”

Sigo muchos blogs de escritura, tanto en castellano como en inglés, y el denominador común a todos ellos es la importancia que dan al hábito de escribir todos los días.

Para ello, suelen crear una lista de bienintencionados consejos, que pasan por pedirte que te comprometas por escrito, que te crees un límite de palabras diario, que te premies cuando consigas enlazar varios días seguidos, que escribas a primera hora de la mañana y que compartas tus logros por las redes.

Estoy segura de que a algunas personas les van bien estos trucos, pero sé que no todas somos capaces de amoldarnos a ese patrón, ya sea porque otras tareas ocupan gran parte de nuestro tiempo, porque madrugar nos saca de nuestras casillas o porque, simplemente, nuestro ritmo de trabajo no pasa por producir palabras día sí y día también.

Además, tengo la sensación de que estas sugerencias para escribir todos los días están demasiado enfocadas en el resultado, y no tanto en el proceso. Hablan de medir tu progreso, de avanzar, de destinar “x” minutos a la actividad… Pero, ¿qué hay del disfrute, de la motivación intrínseca que produce la propia escritura a quienes amamos este arte?

Do what you love

Por otro lado, no es lo mismo embarcarse en una novela que escribir en un blog, o que relatarle tus sentimientos al diario cuando estos te desbordan. Algunos autores, como Natalie Goldberg en El gozo de escribir, argumentan que da lo mismo, que para ser cada vez mejor y hallar tu voz debes ejercitar el músculo de la escritura y que para ello has de crear la citada rutina. 

Yo no estoy tan convencida de ello. Para empezar, para ejercitar la creatividad y mejorar tu técnica no necesitas ser alguien prolífico. Hay gente que escribe a destajo y sigue haciéndolo de manera mediocre. Muchas veces es preferible realizar actividades específicas centrados en la técnica o en el ejercicio de la imaginación, leer libros y analizar los recursos que emplea el autor o compartir tus textos con otros escritores que puedan aconsejarte (en este sentido, el taller gratuito de Literautas, que acaba de estrenar su nueva temporada, me parece un recurso excelente). 

Asimismo, el proceso de escritura consta de fases en las que, en lugar de escribir, te documentas, realizar bombardeos de ideas, revisas y corriges. En esos casos el número de palabras avanzadas es irrelevante, y tampoco te recomiendo que te obsesiones con los plazos a no ser que te los impongan desde fuera. Cierta flexibilidad puede ayudarte a no cogerle manía a tu proyecto de escritura.

Pero entonces, ¿cuáles son las alternativas al “escribe todos los días”?

  • Prioriza la escritura: Es posible que escribir todos los días no vaya contigo, pero para dar continuidad a tus proyectos (relatos, novelas, etc.) sí que te recomiendo aprovechar el tiempo libre del que dispones y dedicarlo a escribir en lugar de a otras actividades. Puede ser alguna tarde entre semana, los fines de semana… ¡Cada cual tiene su forma de funcionar!

Focus Nina Amir

  • Mantén tu(s) proyecto(s) en mente: Si estás con el borrador de una novela, puedes pensar en ella (en sus personajes, en su escenario, en sus escenas, etc.) aunque no estés escribiendo. No me refiero a un pensar programado, sino a acordarte del mundo de la imaginación como quien piensa en el argumento de un libro que le está gustando mucho. De esta forma, te costará menos ponerte. Si lo tuyo es publicar en un blog, siempre puedes dar vueltas a nuevas ideas y desarrollarlas en tu mente o en un cuaderno. ¡El caso es que la maquinaria no se oxide!
  •  No te disperses: Este epígrafe se refiere tanto al tiempo dedicado a la escritura como a aquello que estés escribiendo. Mientras escribas, trata de hacerlo sin interrupciones ni distracciones. Desconéctate de las redes y ponte música si eso te hace entrar en estado de flow con más facilidad. Del mismo modo, si has decidido concentrarte en un proyecto determinado (o en dos, o en tres) espera a acabar antes de iniciar otros nuevos. 
  • Disfruta del proceso: Si el acto de escribir te resulta pesado, no hay hábito que valga ni cuerpo que lo aguante. Lo ideal es que te enganches, que disfrutes de lo que haces aunque a veces te cueste arrancar.  Trabaja en una historia que te guste, sea a boli o a ordenador, en el entorno que más se acomode a ti y cuando más te convenga (tampoco hace falta que te ciñas a un horario estricto).
  • Busca la diversión: Si el punto anterior te resulta costoso, tal vez tengas que impregnar tus sesiones de escritura de un poco de chispa. A veces, retos como el NaNoWriMo son estupendos porque te permiten interactuar con otros escritores. En otras ocasiones, redactar la historia en desorden, probar cambios de estilo (usar un tono repipi, infantil o macarra para variar) o reflexionar sobre si lo que quieres contar realmente te ilusiona es una buena manera de hallar en la actividad el toque de azúcar (o de sal) que le faltaba. ¡Eres libre de experimentar!

Sea como sea, hay mundo más allá del “escribe todos los días”. Encuentra el estilo que mejor se adapte a ti, y no te olvides de la diversión. 🙂

P.D.: Si quieres saber más, no te pierdas este artículo.